Torres de 18 pisos de Moon Palace redefinen el debate urbano en Punta Cana
Dos torres de 18 pisos con más de 2.000 habitaciones se levantan ya en la zona de Macao, cerca de Hard Rock Punta Cana. El proyecto Moon Palace Punta Cana, denominado oficialmente Moon Palace The Grand Punta Cana y desarrollado por The Palace Company, se encuentra en sus etapas finales de construcción y ha alterado de forma visible el perfil del paisaje en esa franja costera.
Editorial septiembre 8, 2026
Dos torres de 18 pisos con más de 2.000 habitaciones se levantan ya en la zona de Macao, cerca de Hard Rock Punta Cana. El proyecto Moon Palace Punta Cana, denominado oficialmente Moon Palace The Grand Punta Cana y desarrollado por The Palace Company, se encuentra en sus etapas finales de construcción y ha alterado de forma visible el perfil del paisaje en esa franja costera.
La escala no tiene precedentes en un área que durante décadas se definió por hoteles de baja altura, amplias zonas verdes y una densidad constructiva contenida. Ese modelo horizontal distinguió históricamente a Bávaro-Punta Cana de destinos como Cancún o Miami Beach, donde los edificios frente al mar son la norma.
El impacto del Moon Palace Punta Cana en el paisaje costero
La controversia no es nueva. Desde las primeras fases del proyecto surgieron cuestionamientos en sectores vinculados a la industria turística y entre autoridades e inversionistas preocupados por la aprobación de construcción en altura en una zona caracterizada por edificaciones bajas. El punto de fricción no es solo este hotel: es el precedente. Si hoy se autoriza una torre de 18 pisos, mañana otros desarrolladores pueden buscar aprobaciones similares.
Los defensores del proyecto sostienen que la construcción vertical permite concentrar más habitaciones en menos superficie de terreno, lo que en teoría preserva áreas verdes y reduce la expansión horizontal. La empresa ha señalado que el desarrollo incluye medidas de paisajismo y protección de manglares.
Pero quienes cuestionan el modelo hacen una distinción: una cosa es la eficiencia en el uso del suelo y otra es modificar la identidad visual que definió al destino durante décadas. Para este sector, el atractivo de Punta Cana reside precisamente en su integración con el entorno natural de bajo impacto.
El peso económico del proyecto es difícil de discutir. Se espera que genere miles de empleos directos e indirectos, sume una cantidad significativa de habitaciones hoteleras y amplíe la oferta de turismo de lujo con restaurantes, piscinas, facilidades de entretenimiento y un centro de convenciones de gran capacidad.
Aun así, voces del sector turístico recuerdan que el éxito de Punta Cana no fue accidental. Respondió a una combinación de planificación, inversión privada, preservación del paisaje y una marca internacional construida alrededor de la experiencia de playa y naturaleza. El desafío, señalan, está en encontrar un equilibrio entre crecimiento y conservación.
La pregunta central es si estas torres quedarán como una excepción o marcarán el inicio de una nueva fase de construcción vertical en el este dominicano. Si el proyecto permanece aislado, será un elemento más dentro de un modelo turístico diversificado. Si abre la puerta a desarrollos de escala comparable, Bávaro-Punta Cana podría enfrentar una transformación profunda tanto en su paisaje como en su identidad.
El debate dejó de ser teórico. Las torres ya son visibles desde distintos puntos de la zona. La cuestión no es si el proyecto se construirá —ya está en pie—, sino qué tipo de destino quiere ser Punta Cana en las próximas dos décadas.