Veinticinco artesanas de Punta Cana convierten fundas plásticas en carteras con valor comercial
Una bolsa de basura negra, de esas que terminan en un zafacón o flotando hacia el mar, puede pesar apenas unos gramos. En las manos de Patricia Benítez, esa misma bolsa se vuelve material de trabajo: se corta, se trenza, se moldea hasta convertirse en una cartera con forma, color y precio.
Editorial septiembre 7, 2026
Una bolsa de basura negra, de esas que terminan en un zafacón o flotando hacia el mar, puede pesar apenas unos gramos. En las manos de Patricia Benítez, esa misma bolsa se vuelve material de trabajo: se corta, se trenza, se moldea hasta convertirse en una cartera con forma, color y precio.
Benítez es una de al menos 25 artesanas que en la zona de Punta Cana y Verón reutilizan fundas plásticas desechadas para elaborar bolsos y carteras artesanales, según reportó Bávaro News. La cifra no es menor en un distrito donde el turismo genera toneladas de residuos plásticos cada semana y donde las opciones de ingreso autónomo para mujeres fuera del sector hotelero siguen siendo limitadas.
El grupo presentó sus creaciones durante la 38.ª Expo Feria de la Asociación de Hoteles y Turismo de la República Dominicana (Asonahores), celebrada este año en el distrito Verón-Punta Cana. Ahí, las artesanas montaron sus piezas junto a stands de cadenas hoteleras, operadores turísticos y empresas de servicios, en un espacio que les permitió dar visibilidad a su trabajo ante compradores y visitantes del sector.
Benítez explicó a Bávaro News que los productos se comercializan en distintos puntos de venta y ferias, y que estas oportunidades de exhibición les permiten generar ingresos para el sustento de sus familias. No se trata de un hobby: es una fuente de dinero concreta para hogares de la zona.
Las fundas plásticas no son el único material que trabajan. También utilizan cuernos de toro, tallados de manera artesanal, para elaborar carteras de distintos tamaños, diseños y estilos. La combinación de un desecho urbano con un subproducto ganadero da como resultado piezas que no se parecen entre sí, algo que las propias artesanas señalan como parte de su atractivo.
La iniciativa funciona sin intermediarios visibles entre quien fabrica y quien compra. Cada cartera lleva el rastro de un proceso manual que empieza cuando alguien recoge una bolsa que iba camino al vertedero y termina cuando esa misma bolsa se convierte en un objeto que alguien paga por llevar.
En una zona donde la economía gira alrededor de los resorts y los servicios turísticos, estas 25 mujeres operan en un margen distinto: no dependen de una nómina hotelera ni de un contrato de temporada. Su materia prima es, literalmente, lo que otros descartan.